Sigo sintiendo que soy una eterna postadolescente, no me siento de 30 definitivamente, creo que los almanaques corren más rápido que mi calendario biológico. Todavía trasnocho, me angustió, me enamoro definitivamente ( por dos días ); miro más dibujos animados que mis sobrinos y me sigo jurando que voy a pegarme una vuelta por el Machu Pichu de mochilera. Soy una tecnosexual… siempre quiero la ultima cámara, el ultimo celular, y hasta se que boliches arden los jueves, las bandas que adore en los noventa vuelven a pisar nuestro bello buenos aires bicentenario, ¿Cómo no sentirme una teenager? (es más todavía tengo acné)
Hoy tenía un montón de cosas para hacer... Pero fue inevitable agarrar el joystick y pasar tres niveles del need for speed carbono, y mientras rezongando guardo la partida para ponerme a trabajar, pienso que hay dos tipos de 30…
Mi benemérita abuela para los 30 ya tenía dos hijas que eran señoritas y sin irnos tan atrás en el almanaque varias de mis amigas también, muchas ni saben que es el facebook, no tienen correo electrónico y su gran emoción es conseguir una oferta de crema antiage o que el bizcochuelo les salga derecho, ya no salen, no se reúnen, para sus cumpleaños y aniversarios les regalan electrodomésticos. Su vida se volvió tan rutinaria que cuando tienen reunión de padres van a hacerse la planchita (por que es casi como una salida)
Mis 30 son distintos, necesito conectarme constantemente a Twitter, aunque no me importen las noticias que publican, estoy en casi todas las redes sociales y puedo robarle la clave secreta a cualquiera que me de su dirección de email. Disfruto de la libertad de ya haber terminado la facultad y poder agarrar una mochila con ropa y salir para retiro a decidir que micro me tomo, no tengo vergüenza de pedirme una cajita feliz, y si esta bueno el otro juguete también pedirme dos. No siento la necesidad de comer sano, no pienso en el colesterol y lo más gracioso es que siendo la reina del delivery y primera princesa de los panchos de estación los análisis siempre me dan bien. Todavía me siento chica para ser madre (aunque la mayoría de mis amigas ya lo son)
A pocos días del cambio de década estoy organizando la fiesta con más ansiedad, que mi cumpleaños de 15 (que viví inmersa en una apatía adolescente) y más se acerca el día más me pregunto ¿es realmente tan importante la edad cronológica?, mucha gente me habla del conflicto de los 30, del quiebre, del reloj biológico gritándole a nuestro útero que es hora de trabajar, que se acorta el tiempo, de las cremas antiarrugas, de las primeras canas (tengo desde los 16 años y no me importan), de sentar cabeza o quedarse a vestir santos. Realmente no llego a digerirlo o comprenderlo, solamente se que soy feliz al pensar que contando las velas de la torta de este año ya sume 465 velitas, y todavía me faltan muchas más, lo único que me molesta es esperar 365 días para que vuelva a ser mi cumple.